Hoy soy Pablo, aunque en mi casa siempre me han llamado Pablete.

Siempre fui un niño solitario y huidizo, la muerte de mi hermano gemelo Luis a la edad de 6 años fue un mazazo para mi familia, Mamá, nunca volvió a ser la misma. Papá se cansó de la situación  y a los 3 años de la muerte de Luis se marchó de casa, nunca más supimos de él.

Luisito murió ahogado en el rio mientras jugábamos él y yo y mientras mi padre preparaba la Barbacoa.

Mamá no lo pudo soportar y se suicidó cuando yo tenía 12 años. A mí me llevaron a vivir con la tía Angelines y en fin… no me voy a quejar, pero no puedo decir que notara el calor de una madre, ni siquiera el de una tía.

A mi tía las cosas no le iban muy bien que digamos, mi tío Paco le daba al whisky y a veces también a nosotros, a mi tía, a mí, y a mis primos.
Mi tía siempre maldecía a mi madre por haberme abandonado, decía que eso no se le hacía a un hijo, ni a una hermana pienso yo…

Antes de la muerte de Luis, podríamos decir que todo iba bien. Recuerdo como los domingos íbamos al rio todos juntos, mi madre preparaba la tortilla de patatas, el gazpacho y con mi padre íbamos los tres a coger cangrejos mientras mi madre descansaba. Eran buenos tiempos.

El resto de los recuerdos que tengo de esa época son buenos, los paseos por el parque, el cole con Luis, las meriendas con Mamá, jugar en la plaza, los amigos, el pan con chocolate, la peonza y las canicas. Ah y también los cromos.

Desde entonces todo cambió. La vida ha pasado delante de mí, nunca he sentido tener el control de mi vida, me he dejado llevar por la situación, con 18 me fui a la Mili y nunca más volví a esa casa, no quería molestar.

Me metí a trabajar en una fábrica y nunca sentí ilusión por la vida, simplemente me dejaba llevar, los días pasaban, los meses pasaban y los años pasaban sin que yo tuviera alicientes o ganas de nada.

Pero todo cambió hace unos meses cuando conocí en el trabajo a Inés, una persona que me ha iluminado mi vida.

Primero fuimos amigos, es muy amable y muy humana, desde un principio se interesó por mí, me demostró tener buen corazón y poco a poco me fui abriendo y le fui explicando todo lo que me había sucedido en mi vida. Ella me comprende y me habla.

Desde hace unos meses somos digamos pareja, vamos que además de ir al cine y a cenar también follamos… Y eso es una pasada.

En nuestras largas sobremesas o sobrecamas hablamos y hablamos, bueno más bien habla ella, yo me dedico a escuchar y a mirar… me encanta mirarla. No me gusta mucho hablar y eso está siendo un problema.

Inés me dice que tengo que abrirme, que tengo que confiar en ella, sobre todo cuando hablo de mi infancia, la verdad es que yo lo intento, pero no puedo, hay algo en mí que me lo impide.

Desde hace un tiempo esto se está convirtiendo en un problema entre nosotros y yo quiero que vaya todo bien, quiero seguir con Inés, casarme, tener hijos, envejecer juntos. Esto lo tengo claro y haré lo que haga falta para intentar solucionar nuestros problemas.

Inés me ha convencido para que haga una regresión, a través de la hipnosis. La verdad es que me lo he pensado muy mucho, me ha dado terror, esta es una caja que nunca he querido abrir pero después de valorarlo y por Inés me he decidido en hacerlo.

Hemos viajado hasta Almería donde parece ser que hay un parapsicólogo muy importante, hemos concertado una cita y nos encontramos ante la puerta.

He pensado en dar marcha atrás y no llamar a esta puerta… Pero he llamado.

Nos ha recibido el médico y hemos estado hablando durante 30 minutos, primero con Inés presente y después él y yo a solas. Temas banales, nada raro.

Después hemos pasado a una sala donde me he tumbado en una camilla y mientras él seguía hablando, después… nada…. Creo que me he dormido.

Me he encontrado a mí mismo con 6 años, en el rio, Luisito ríe, mientras yo le salpico, jugamos entre las piedras, nos resbalamos con los cantos rodados, jugamos a coger cangrejos y a jugar con los berros.

Mientras tanto Papá está con Mamá, no sé qué está haciendo pero no está con nosotros.

Luisito me empuja, y yo le empujo hasta que se cae y se da un golpe con una piedra, yo me acerco hacia él y le hago cosquillas, no reacciona, tiene la cabeza sobre la piedra, pero no hay sangre, seguro que se está haciendo el dormido pienso…

Le empujo la cabeza hasta el fondo del rio, al principio no se muevo pero después empieza a salir burbujas de oxígeno y a mover las piernas y las manos, yo aprieto cada vez más fuerte durante mucho rato hasta que Luisito deja de moverse.

Me quedo un rato ahí mirando, sin pensar nada. Como esperando a que pase algo…

Me vuelvo hacia donde están mis padres.

Maaaaaama, maaaaama, tengo hambre, que hay para merendar?

Donde está tu hermano?

Esta debajo del agua y no quiere salir.

Mamá empieza a correr y mientras se va acercando va gritando, yo me quedo atrás secándome con la toalla.

Me despierto empapado en sudor y en lágrimas. Mi cabeza me va a estallar.

Maté a mi hermano, he sido el culpable de mi desgracia y de la de toda mi familia.

El médico me habla, me pregunta por qué es lo que he visto, pero no le contesto. De hecho no contesto a nadie, ni a él ni a Inés.
Maldita sea la hora en la que decidí volver al pasado. Ha sido la peor decisión de mi vida.

Durante todo el trayecto de regreso a casa Inés no dejaba de preguntarme, yo con lágrimas en los ojos no pronuncié una palabra.

Esa misma noche, mientras Inés dormía, hice una mochila y me fui sin rumbo.

Ahora mismo estoy vagando de ciudad en ciudad, no sé qué es lo que estoy buscando, creo que acabaré suicidándome para acabar con este sufrimiento.

De Inés no sé nada, prefiero que no sepa con qué clase de persona estaba a punto de compartir su vida. Ella no se merece una persona así.

FIN.